"Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras" William Shakespeare
jueves, 22 de enero de 2015
Lo que todo educador debe ser
El Buen educador
jueves, 6 de febrero de 2014
Fomentar el respecto a los adultos
2. Evidentemente, para enseñar a nuestros hijos a respetar a los demás, es necesario mostrarles en qué consiste el respeto. Hay que explicarles lo importante y necesario que es para que la gente se sienta bien. Para ello, podemos poner ejemplos en nuestro día a día. Una muestra de ello es que, cada vez que saludemos cordialmente a alguien hagamos énfasis y se lo señalemos al pequeño, a fin de que aprenda el acto de saludar de forma respetuosa. Además, es importante inculcarle el uso de expresiones como por favor y gracias, así como enseñarles a pedir perdón cuando han hecho algo mal.
3. Intenta corregir la manía que suelen tener los niños de señalar a las personas que le parecen extrañas. Esto puede incomodar a la gente, por este motivo es importante que desde pequeño sepa que juzgar y señalar a la gente no es correcto. Educarlo mediante valores éticos es fundamental para fomentar el respeto.
4. Para enseñar a los niños a respetar a los demás debemos fomentar su empatía. Si los pequeños son capaces de ponerse en el lugar de otra persona, sabrán que ser respetuosos es esencial para hacer sentir bien a todo el mundo. De esta forma, hacemos que el pequeño vea que hay otra realidad fuera de la suya.
jueves, 24 de mayo de 2012
El discurso más corto
Lo dijo al dejar el cargo de Presidente de Coca Cola.
- Tu Trabajo,
- Tu Familia,
- Tu Salud,
- Tus Amigos y
- Tu Vida Espiritual, Y tú las mantienes todas éstas en el aire.
Pronto te darás cuenta que el Trabajo es como una pelota de goma.
Si la dejas caer, rebotará y regresará.
Pero las otras cuatro pelotas: Familia, Salud, Amigos y Espíritu son frágiles, como de cristal.
Si dejas caer una de estas, irrevocablemente saldrá astillada, marcada, dañada e incluso rota.
Nunca volverá a ser lo mismo.
Debes entender esto: apreciar y esforzarte por conseguir y cuidar lo más valioso.
Trabaja eficientemente en el horario regular de oficina y deja el trabajo a tiempo.
Dale el tiempo requerido a tu familia y a tus amigos.
Haz ejercicio, come y descansa adecuadamente.
Y sobre todo.....crece en vida interior, en lo espiritual, que es lo más trascendental, porque es eterno.
Shakespeare decía:
Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué?
Porque no espero nada de nadie;
esperar siempre duele.
Los problemas no son eternos,
siempre tienen solución.
Lo único que no se resuelve es la muerte.
La vida es corta, ¡ por eso ámala.!
Vive intensamente y recuerda:
Antes de hablar... ¡ Escucha !
Antes de escribir... ¡ Piensa !
Antes de criticar... ¡ Examínate !
Antes de herir... Siente
Antes de orar... Perdona
Antes de gastar... Gana
Antes de rendirte...intenta
ANTES DE MORIR.....VIVE…!!
lunes, 20 de febrero de 2012
El origen de los carnavales
De ahí viene Carna vale, es decir, adiós a la carne. Pero ahondando en significados, creo que la palabra más exacta para traducir la esencia de los carnavales es ésta: Currus navalis. Este carro naval hacía un bello paseo romántico en barco con ruedas. Llevaba como pasajeros a hombres y mujeres con máscaras. Al son de la música bullanguera bailaban, cantaban sátiras contra todo y contra todos- sobre todo contra las autoridades. Y tal era la bondad y felicidad que inundaba a ellos y ellas que no cesaban de arrojar dulces a lo largo y ancho de su recorrido.
CALENDARIO.
No cabe duda de que estas fechas tenían y tienen su calendario propio. Abarcaban y lo continúan haciendo desde el domingo antes del Miércoles de Ceniza (este año cae el 21 de marzo) hasta el primer domingo de Cuaresma. Vulgarmente se le conoce como el domingo de piñata. Piñata es una olla o vasija que contiene dulces que se cuelgan en lo alto para romperla a golpes con los ojos vendados. Cuando se estudia el carnaval hay que reconocer que lo que está en el fondo de todo ello son las fiestas primitivas del comienzo del año (primavera). En la cultura romana y en todos los territorios dominados por el gran Imperio, el carnaval se centraba en torno a las fiestas Saturnales, es decir, fiestas en honor al dios Saturno y al dios del pan (fiestas Lupercales. Durante ellas predominaba el desorden civil, no había unas medidas tan duras y estrictas contra los desenfrenos morales. En todos sitios había cantos satíricos. No se prohibía nada durante estos días. Todo estaba permitido. De ahí que arreciaran las críticas contra los poderes instituidos, como la autoridad, el poder y la religión. Debido a muchos excesos, ha habido a lo largo de la historia países que los han prohibido por miedo a venganzas y por sobrepasarse en los ataques contra los poderes.
¿QUÉ SE RESALTA EN EL CARNAVAL?
Hay tres elementos comunes a todos los, carnavales en las ciudades y pueblos en que se celebran.
1) Culto al cuerpo. Esto no es de ahora. Cuando vemos los carnavales de Río de Janeiro (al que por cierto el gobierno ha donado 40 millones de preservativos los jóvenes), o los bellísimos de Santa Cruz de Tenerife o los famosos de Cádiz, la exaltación del cuerpo aparece como exorno fundamental. Y el origen radica en las fiestas romanas. Los soldados imperiales elegían al más guapo y lo proclamaban rey por un día. Las cosas han cambiado pero el fondo sigue siendo prácticamente el mismo.
2) El disfraz. Al adentrarse en el estudio de las fiestas, es curioso observar cómo todas ellas tienen un origen basado en lo religioso. El disfraz, antes, era una forma empleada para librarse de la influencia de los malos espíritus. Y una forma de lograr este objetivo, era colocarse la máscara para que no reconocieran a la verdadera persona. Otros dicen, al contrario, que era un modo de congratularse con los espíritus poniéndose en el rostro máscaras que, de algún modo, pudiesen imitarlos. Así se veían libres de su maleficios y obtenían su benevolencia.
3) Lo grotesco. Este tercer elemento es, sin duda, el que más se exalta. Se trata de una auténtica locura en la bebida, comida, ruptura con todas las normas y costumbres y todo ello en una atmósfera en que la alegría se pasa en muchas ocasiones por efecto de lo que se bebe y se come. Son unas fechas en las que impera el libertinaje, días en los que muchos sienten la necesidad de hacer lo que en otros momentos no lo pueden llevar a cabo.La ridiculez tiene su expresión plástica en los monigotes representativos de alguien a quien se insultan, se quema y provoca la risa entre todos los que viven los carnavales.
Aparte de estos tres elementos comunes a todos los carnavales, hay que añadir la estética del colorido en los vestidos, carrozas, los concursos de belleza y otras muchas actividades que promueven las comparsas y chirigotas. Su preparación dura muchos meses.
Se están introduciendo ahora hasta en las mismas escuelas. Pienso que cuando el arte se mantiene en sus cánones, la moral en sus sitio y el respeto, estas fiestas que preparan a una Cuaresma de penitencia y abstinencia como camino a la glorificación de Cristo en la Pascua, son bellas. Y todo lo que se bello, loable y bueno merece la pena que el pueblo lo cultive hasta el extremo. Lo chabacano ahuyenta a todo el que tenga una sensibilidad normal. Un pueblo sin alegría sana, es un pueblo triste, decía Demócrito.
martes, 24 de enero de 2012
Educar en la fortaleza
- Siempre que un niño sea capaz de hacer algo por sí mismo, démosle la oportunidad de hacerlo y mejorarlo, y motivémosle con nuestras palabras animosas, felicitándole por su habilidad y esfuerzo. Ante sus vacilaciones y dudas, sonriámosle, al tiempo que le decimos con firmeza y entusiasmo: "Tú puedes, cariño. Y, si no lo consigues la primera vez, no pasa nada: yo tampoco consigo las cosas siempre al primer intento".
- Es normal que cualquier niño pretenda lograrlo todo al instante. Si le apetece un "chupa chup", lo exige "ahora". Pues bien, lo mejor para enseñarle a desarrollar su capacidad de resistencia a las frustraciones y saber esperar es no darle nunca lo que pide al instante. Se le puede decir, por ejemplo:"Ahora estamos haciendo esto y tenemos que esperar un rato para darte lo que pides. Me encanta que aprendas a esperar hasta ese momento y comportarte como el niño listo y mayor que ya eres".
- Por más que el niño rabie y patalee, seamos firmes y acostumbrémosle a no recibir lo que pide de inmedato. Le haremos un bien increíble con ese entrenamiento en saber esperar y no satisfacer de inmediato sus caprichos y deseos. Ante las llantinas del pequeño, las constantes llamadas de atención, la manipulación del adulto y el hecho de "montar el pollo" cuando sabe que más molesta a papá y a mamá, debemos dejarle siempre claro que no se va a salir con la suya, pero siempre manteniendo una actitud calmada, reposada, controlada y sin dejarse contagiar por la tensión que el niño pretende provocar en nosotros. Si sabemos resistir a sus llantos y provocaciones, el niño comprobará que su conducta caprichosa no le reporta ningún beneficio.
- Conviene reforzar, premiar y alabar al niño cuando manifieste una conducta razonable, de cierto acto de control, educada, pacífica, generosa, comprensiva, esforzada, de saber compartir...
- Es importante contagiar al niño el buen humor, el entusiasmo y las emocione positivas en general: "los ejemplos arrastran". Cuando algo no sale bien del todo o no sucede como el pequeño esperaba, es bueno enseñarle a reírse de sí mismo, a intentarlo de nuevo con alegría y a no desesperarse. Ensamblemos siempre la fortaleza con el júbilo. Como decía Emerson: "La fortaleza es inseparable del júbilo, ya que la persistencia en la acción genera una especie de endorfinas psíquicas que, por un lado equilibran y proporcionan paz y serenidad de espíritu, y, por otro, producen euforia, alegría y entusiasmo".
- El mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos es hacerles fuertes desde niños, al mismo tiempo que les queremos con todo el cariño.
- A veces la actitud de nuestros padres y el hecho de tener que valernos por nosotros mismos a tempranas edades, por situaciones especiales, potenció nuestra fortaleza; y lo mejor que podemos darle a nuestros propios hijos es hacerles muy fuertes, responsables y esforzados.
Esto es lo que te sugiero y lo que me permito aconsejarte, ya que tienes en tus manos la masa blanda de la personalidad de ese niño, que es tu vida y a quien tanto quieres. Hazle fuerte, esforzado y bondadoso. En definitiva, prepárale para una vida que será tan difícil o más que la que tú vives ahora.
lunes, 28 de noviembre de 2011
El sentido de la Navidad
Aún falta un mes y ya están las calles y comercios adornados para la Navidad. La televisión nos bombardea con juguetes, colonias y otra lista interminable de regalos. A su vez cada vez se ven menos belenes, se oyen menos villancicos en las casas, comercios y jardines públicos. Hace años, el Papa Juan Pablo II nos recordaba que hay que evitar una «mentalidad consumista» en estas fechas, que, presentada «de manera insistente» por los mensajes publicitarios, contrasta con la sencillez con que nació Cristo. También ha advertido que esa mentalidad hace a la Navidad correr el riesgo de perder su auténtico sentido navideño.
En la Navidad celebramos la mayor alegría que puede tener la humanidad: Dios se hace uno de nosotros. Nos ha nacido Dios. Nace como todos nacemos, pequeño, quizás para que podamos acercarnos a El, sin miedo. Nos da lecciones de humildad. También nos da lecciones de pobreza. Jesús nace pobre en Belén. No es sólo algo bonito. Nos brinda auténticas lecciones de pobreza que hay que saber aprovechar para meditar. Algo de lo que se deben sacar enseñanzas prácticas. Dios nos quiere enseñar con su ejemplo. La pobreza buscada por el Señor tiene un valor que nos toca descubrir.
Los padres tenemos que educar en el consumo: no es malo consumir. Tener cosas, en principio, no es inmoral. Todos los seres humanos tenemos necesidades. Lo malo sería tenerlas desordenadamente. Tener en exceso, despilfarrar, no saber ayudar a otros que pasan necesidad.
La mejor herencia y un buen regalo.
Cicerón señalaba que la mejor herencia que los padres pueden dejar a sus hijos, más preciosa que todos los patrimonios del mundo es la gloria de la virtud y las buenas obras. La mayoría de nuestros hijos no nos entenderán y querrán siempre más y más. No pararán en compararnos con otros de su clase, sus amigos, que si tienen tal o cuál. Hay regalos que duran poco, apenas unas horas. Otros unos días. Hay regalos que pueden durar toda la vida.
Quizás estés pensando qué regalo hacer a tus hijos esta Navidad. Está en tu mano en hacerles un regalo especial, que sea para siempre. Si el regalo para tus hijos consiste en enseñarles a vivir una virtud, ese aprendizaje les acompañará durante toda su vida y les podrá servir en infinidad de ocasiones que se le presentarán y en las que ya no podrás estar junto a ellos para ayudarles. Si les enseñas a vivir la sobriedad les habrás hecho un regalo muy útil.
Enseñar a los hijos a contentarse con poco. Para divertirse no hacen falta cosas extravagantes. "Si no tengo la Play Station no puedo jugar...". "Si no tengo este video juego no lo paso bien". ¡Ojo a las adicciones!
Darles cosas continuamente a los hijos, les puede generar un estado de permanente insatisfacción. Cada vez pedirán más cosas. Querrán renovar lo que tienen. Serán insaciables. Unos pequeños tiranos que exigen a sus padres continuamente. No sabrán disfrutar o el disfrute será breve de tiempo, porque no se les ha enseñado a valorarlo, entre otros motivos porque no les ha costado nada. Por eso cuando se les rompa o se les pierda algo no tendrá mayor importancia para ellos.
Esta situación suele llevar a otra triste realidad: la esclavitud de los padres por los hijos consentidos. Y es triste. Qué cosa más desagradable ver a un niño consentido. No dejar que se hagan pesados pidiendo continuamente. No ceder. No siempre que haya una salida tiene por qué haber una compra.
Para evitar esto que bueno es tener a los hijos cortos de dinero, que aprendan a negarse para no hacerse personas blandas e indefensas ante las contrariedades de la vida. La sociedad de consumo nos incita constantemente a efectuar compras, por intereses comerciales. No se trata de ser ahorrativos ni espartanos, sino de acostumbrarse a no crearse excesivas necesidades.
Si alguna vez un hijo reprochara a sus padres que no se siente querido porque no recibe los regalos que espera sería una buena ocasión para examinar cómo se les está educando.
Habría que hacerles ver que eso en una especie de "pequeño chantaje". Explicarles en qué consiste el verdadero cariño. Todo lo que unos padres hacen por sus hijos que le dan lo que más les conviene.
Te puede entrar cargo de conciencia: a ver si no les quiero lo suficiente al privarle de regalos. No hay que preocuparse. El cariño no hay que medirlo en regalos. Es más si hay que acudir a regalos puede ser señal de que le estás negando otras cosas: ¿le das tu tiempo libre?
A lo mejor puede ser más costoso para unos padres dedicar toda la mañana de un sábado para ir a verles a una competición deportiva. O salir con ellos a montar en bici justo ese día en que el padre tiene un partido de padel interesante con sus amigos o que la madre tenía un plan sugerente con varias amigas.
Habla uno a uno con tus hijos, escuchándoles. Dejándoles que se explayen. Interesándose por sus cosas. Preguntándoles con verdadero interés. Ese es el mejor regalo. Lo que les va a llenar y a hacer felices.
A modo de concreción se ofrecen algunas sugerencias:
En las comidas no consentirles caprichos. Que coman todo lo que se sirvan.
No comer a deshoras. Evitar asaltos a la nevera.
Bebidas alcohólicas. Que os vean con sobriedad. Son especialmente graves las consecuencias que provienen de un uso indebido del alcohol.
Salidas. No excesivas salidas al cine, a parques de ocio, etc. Hacer con ellos la programación que vean que no es solo algo que reciben como un derecho. Que sepan el tiempo de que disponéis y lo que valen las cosas.
Tenerles cortos de dinero.
No consentirles caprichos.
Moderación en los regalos.
Uso de los teléfonos móviles: normalmente no sea necesario que lo lleven siempre encima. Quizás en algunas circunstancias.
Una manera de vivir la virtud cristiana de la pobreza es enseñarles a aprovechar el tiempo. Para ello fomentar el tiempo personal dedicado a la lectura. Hacerles un plan de lecturas para las Navidades.
También que tengan un horario cada día y que todos los días dediquen un tiempo mínimo a estudiar.
Uso moderado de la televisión, cine, vídeos.
Horario de uso de internet: tiempo máximo diario. Tener las conexiones en zonas comunes de la casa.
Llevarles a visitar personas necesitadas: familiares, amigos, lugares dedicados a la atención de personas en circunstancias desfavorables. Esto fomenta la generosidad y evita pensar en uno mismo.
martes, 15 de noviembre de 2011
Comunicación asertiva
Hemos de aprender a conectar con nuestros sentimientos, con nuestros pensamientos. Los sentimientos nos dan una información muy valiosa respecto a que ocurre en nuestro interior al relacionarnos con los otros. Tambien respecto a nuestro "dialógo interno", o cosas que nos decimos. ¿Que estoy sintiendo ante esta situación? ¿Que reacciones puedo percibir en mi cuerpo? Esta relación, ¿qué me despierta? ¿Me siento cercano o no? ¿Estoy tranquilo o no? ¿Estoy confiado, nervioso, seguro?
A medida que podamos clarificarnos respecto a nuestros sentimientos y emociones, estaremos en mejores condiciones para comprender sin juicios previos a los otros.
Los "ruidos internos" son esa serie de filtros mentales producto de nuestras creencias, sentimientos, experiencias, prejuicios que nos hacen percibir la realidad de una forma matizada, distorsionada. Conocerlos, clarificarlos, nos situa en mejor posicion para comprendernos y abordar las relaciones de forma mas clara.
La comunicación no es lo que decimos, sino la respuesta que el otro nos da. Una buena comunicación cuida el mensaje, el medio o canal, el momento adecuado, las formas.
Percibimos a traves de todo nuestro cuerpo: oido, tacto, vista, gusto, olores.... Cada persona tiene más acentuado un determinado modo de percibir, y es algo que hemos de tener muy en cuenta si queremos que nuestro mensaje llegue.
La comunicación asertiva tiene una estructura: Yo me siento.... (alusion al yo, al sentimiento propio) Cuando tu.... (haces, no haces, dices, no dices) Porque me hace sentir.... (explicar las consecuencias)Lo que me gustaria es.... (petición expresa de hacer, no hacer, decir, no decir)
La comunicación asertiva no garantiza la respuesta que deseamos del otro, pero ayuda a crear un buen ambiente, libre de acusaciones tan nocivas, que provocan generalmente la defensa y la falta de escucha.En resumen, somos responsables de la calidad de la comunicación. Las bases son el amor, el respeto y la confianza. Con estos principios podemos decir, que "cuando yo cambio mi mundo cambia"
viernes, 9 de septiembre de 2011
Análisis de la crisis actual
Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación. En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora (esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos?" Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?"Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "y a mí, qué me importa?!" Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco. Yo era hijo único.
Ahora, cuando me reuno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64. Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10.La globalización.
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo. A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se llama "buena gente". Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos. . . .
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran.Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué hijos íbamos a dejar a este mundo. A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres.
Leopoldo Abadía
P. D . 1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.
Educar al niño para la amabilidad
martes, 6 de septiembre de 2011
LO QUE ES EL VERDADERO AMOR
Los muchachos argumentaban que el romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es preferible acabar con la relación cuando el mismo se apaga en lugar de entrar en la hueca monotonía del matrimonio.
El maestro les dijo que respetaba su opinión, pero les relató lo siguiente:
"Mis padres vivieron 55 años casados.
Una mañana mi mamá bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a rastras la subió al coche. A toda velocidad, sin respetar los altos, la llevó hasta el hospital. Cuando llegó, por desgracia, ya había fallecido. Durante el sepelio, mi padre no habló, su mirada estaba perdida. Casi no lloró.
Esa noche sus hijos nos reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos hermosas anécdotas. El pidió a mi hermano teólogo que le dijera dónde estaría mamá en ese momento. Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó dónde y cómo estaría ella.
Mi padre escuchaba con gran atención.
De pronto pidió:-"Llévenme al cementerio"- "Papá", respondimos, "¡son las 11 de la noche! No podemos ir al cementerio ahora".
Alzó la voz y con una mirada vidriosa dijo:
-"No discutan conmigo por favor, no discutan con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".
Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más. Fuimos al cementerio, pedimos permiso al sereno, con una linterna llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, rezó y nos dijo:
- "Fueron 55 buenos años....¿saben?, nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo que es compartir la vida con una mujer así."
Hizo una pausa y se limpió la cara.
-"Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis. Cambié de empleo. Hicimos el equipaje juntos, cuando tuvimos que vender la casa y nos mudamos a la ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus carreras. Lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos. Rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales. Nos apoyamos en el dolor. Nos abrazamos en cada Navidad, y perdonamos nuestros errores..., hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben porqué?, porque se fue antes que yo, no tuvo que vivir la agonía y el dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo quien pase por eso, y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me hubiera gustado que sufriera..."
Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló:- "Todo está bien, hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día."
Esa noche entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no tiene que ver demasiado con el erotismo, más bien se vincula al trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente comprometidas.
Cuando el maestro terminó de hablar, los jóvenes universitarios no pudieron refutarle.
Ese tipo de amor era algo que no conocían.
viernes, 19 de agosto de 2011
Decálogo de la creatividad
2. Todo proceso es susceptible de ser mejorado. Cualquier problema puede tener una mejor solución. Este convencimiento es la raíz de la creatividad y la innovación.
3. Favorece la creatividad, el hecho de no actuar por esquemas fijos; salirse de la manera habitual de hacer las cosas, buscando modos más eficientes.
4. La capacidad de observación –el arte de ver detalles y situaciones que pueden ser mejoradas-, es el inicio de la innovación. Después se deben buscar alternativas de solución; y por último hay que intentar una… y mil veces la que nos parece mejor.
5. Escuche mucho y lea mucho. Después ponga la fantasía a volar.
6. El aprendizaje requiere curiosidad intelectual. Observe todo y a todos para aprender de cada persona y de cada situación. Hágase preguntas y busque las respuestas.
7. Cuando algo le salga bien, procure identificar cuál es la causa del éxito. Tome nota –es importante dejarlo escrito, para los demás-, y aplique la misma receta a otros asuntos.
8. No le tenga miedo al fracaso, a quedar mal. Piense por qué no salió como usted esperaba. Corrija y siga adelante, sin importarle "el qué dirán".
9. Estudie cómo hacen los demás su tarea; fíjese en aquellos aspectos en que destacan. Pregúntese por qué le salen las cosas bien, e imite algún procedimiento.
10. Elimine el lenguaje bloqueador de su vida: “siempre se ha hecho de esa manera”; “así me enseñaron”; “no compensa cambiar”. Este lenguaje constituye el mayor impedimento para la innovación.
lunes, 8 de agosto de 2011
Educar en la Fortaleza
Estos son algunos principios-claves para que nuestros hijos crezcan fuertes:
Siempre que un niño sea capaz de hacer algo por sí mismo, démosle la oportunidad de hacerlo y mejorarlo, y motivémosle con nuestras palabras animosas, felicitándole por su habilidad y esfuerzo. Ante sus vacilaciones y dudas, sonriámosle, al tiempo que le decimos con firmeza y entusiasmo: "Tú puedes, cariño. Y, si no lo consigues la primera vez, no pasa nada: yo tampoco consigo las cosas siempre al primer intento".
Es normal que cualquier niño pretenda lograrlo todo al instante. Si le apetece un "chupa chup", lo exige "ahora". Pues bien, lo mejor para enseñarle a desarrollar su capacidad de resistencia a las frustraciones y saber esperar es no darle nunca lo que pide al instante. Se le puede decir, por ejemplo:"Ahora estamos haciendo esto y tenemos que esperar un rato para darte lo que pides. Me encanta que aprendas a esperar hasta ese momento y comportarte como el niño listo y mayor que ya eres".
Por más que el niño rabie y patalee, seamos firmes y acostumbrémosle a no recibir lo que pide de inmediato. Le haremos un bien increíble con ese entrenamiento en saber esperar y no satisfacer de inmediato sus caprichos y deseos. Ante las llantinas del pequeño, las constantes llamadas de atención, la manipulación del adulto y el hecho de "montar el pollo" cuando sabe que más molesta a papá y a mamá, debemos dejarle siempre claro que no se va a salir con la suya, pero siempre manteniendo una actitud calmada, reposada, controlada y sin dejarse contagiar por la tensión que el niño pretende provocar en nosotros. Si sabemos resistir a sus llantos y provocaciones, el niño comprobará que su conducta caprichosa no le reporta ningún beneficio.
Conviene reforzar, premiar y alabar al niño cuando manifieste una conducta razonable, de cierto acto de control, educada, pacífica, generosa, comprensiva, esforzada, de saber compartir...
Es importante contagiar al niño el buen humor, el entusiasmo y las emocione positivas en general: "los ejemplos arrastran". Cuando algo no sale bien del todo o no sucede como el pequeño esperaba, es bueno enseñarle a reírse de sí mismo, a intentarlo de nuevo con alegría y a no desesperarse. Ensamblemos siempre la fortaleza con el júbilo. Como decía Emerson: "La fortaleza es inseparable del júbilo, ya que la persistencia en la acción genera una especie de endorfinas psíquicas que, por un lado equilibran y proporcionan paz y serenidad de espíritu, y, por otro, producen euforia, alegría y entusiasmo".
El mejor regalo que podemos hacer a nuestros hijos es hacerles fuertes desde niños, al mismo tiempo que les queremos con todo el cariño.
A veces la actitud de nuestros padres y el hecho de tener que valernos por nosotros mismos a tempranas edades, por situaciones especiales, potenció nuestra fortaleza; y lo mejor que podemos darle a nuestros propios hijos es hacerles muy fuertes, responsables y esforzados.
Esto es lo que te sugiero y lo que me permito aconsejarte, ya que tienes en tus manos la masa blanda de la personalidad de ese niño, que es tu vida y a quien tanto quieres. Hazle fuerte, esforzado y bondadoso. En definitiva, prepárale para una vida que será tan difícil o más que la que tú vives ahora.
jueves, 4 de agosto de 2011
El arte de conversar

Pero de todos, los Blackberry merecen capítulo aparte. Enajenados y autistas. Así he visto a muchos de mis colegas, absortos en el chat de este nuevo invento. La escena suele repetirse. El Blackberryen el escritorio. Un ruido que anuncia la llegada de un mensaje, y el personaje que tengo en frente se lanza sobre el teléfono. Casi nunca pueden abstenerse de contestar de inmediato. Lo veo teclear un rato, masajear la bolita, y sonreír; luego mirarme y decir: "¿En qué íbamos?".
miércoles, 1 de junio de 2011
Falsa compasión
El protagonista parte de una noble y buena sensibilidad ante el dolor ajeno. Es un hombre que se propone ayudar hasta donde puede a todos. Cualquier indefensión reclama su interés. Sin embargo, esa buena disposición se encuentra de pronto con un difícil escollo. Su deseo de no hacer sufrir, de no incomodar, de evitar el dolor ajeno, le lleva a un prolongar el pequeño malentendido que se ha producido en la fiesta. Por no entristecer a aquella ilusionada y caprichosa chica inválida, retrasa una y otra vez la necesaria aclaración sobre su supuesto amor por ella, y se ve envuelto poco a poco en un inmenso absurdo que tiene consecuencias cada vez más trágicas para él y para aquellos a quienes quería evitar cualquier daño.
Todo empezó por un mero y piadoso no decir la verdad, sin voluntad o incluso contra su voluntad. Al principio no fue un engaño consciente, pero enseguida se vio enredado, y por empezar con una primera mentira por compasión, vio que ahora tenía que mentir con gesto impenetrable, con voz convencida, como un consumado delincuente que planea cada detalle de su acción y su defensa. Por primera vez empezaba a entender que lo peor de este mundo no viene provocado por la maldad, sino casi siempre por la debilidad.
Hay dos clases de compasión. Una, la débil, la sentimental, que no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la embarazosa conmoción que se padece ante la desgracia ajena; esa compasión no es propiamente compasión, es tan solo un apartar instintivamente el dolor ajeno, que es causa de nuestra propia ansiedad. La otra, la verdadera compasión, está decidida a resistir, a ser paciente, a sufrir y a hacer sufrir si es necesario para ayudar de verdad a las personas.
Aquel hombre tenía que decir y hacer algo que le resultaba difícil, y lo retrasó una y otra vez. Prolongó aquella situación absurda, entre otras cosas porque estaba halagado por la vanidad, y la vanidad es uno de los impulsos más fuertes en las naturalezas débiles, que sucumben fácilmente a la tentación de lo que visto desde fuera parece admirable o valeroso.
Por falsa compasión muchas veces se miente, se engaña, se elude la verdad costosa, las realidades incómodas, las responsabilidades molestas. Se miente para no contrariar, para evitar un daño que luego vuelve multiplicado; se elude la verdad difícil de decir pero apremiante, aunque sabemos que no desaparecerá por ignorarla; por falsa compasión se consienten prácticas o situaciones reprobables en la empresa o la familia, que no se afrontan por no perjudicar a algunos, aun sabiendo que tolerarlo es un daño mucho mayor.
La falsa compasión hizo de aquel joven teniente un hombre mísero que dañaba infame con su debilidad, que perturbaba y destruía con su compasión. Como él, todos deberíamos esforzarnos en distinguir si la compasión que en determinado momento sentimos no encubre egoísmo o debilidad. Debemos reconocer sinceramente que consentir y mimar a los hijos, malacostumbrar a los que están bajo nuestra responsabilidad, no exigir el respeto que merecen los derechos de los ausentes (la falsa compasión suele inclinarse contra los que no nos ven), son ocasiones en que nos compadecemos equivocadamente y cerramos los ojos a la realidad.
Vivir responsablemente exige a veces incomodar a otros. Por ejemplo, educar, formar, supone siempre una cierta constricción, contrariar, negar consuelos que podríamos dar pero que no debemos dar. Es cierto que debemos ser flexibles, pero ceder a la falsa compasión es hacer daño. Un daño que quizá a primera vista no parece tal, pero que tarde o temprano vuelve, con terquedad, y más crecido, más real, menos evitable.
lunes, 16 de mayo de 2011
El valor de las palabras
Cuenta la historia que en cierta ocasión, un sabio maestro se dirigía a su atento auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra, y el influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás.
- Lo que usted dice no tiene ningún valor -lo interpeló un señor que se encontraba en el auditorio.
El maestro lo escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza:
- ¡Cállate y siéntate, estúpido idiota!.
Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varias imprecaciones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y le dijo:
- Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo.
El señor se calmó y le dijo al maestro:
- Le entiendo, y también pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar otras opciones.
Entonces el maestro le sonrió y le dijo:
- Perdone usted que haya actuado de esta manera, pero así hemos visto todos, de forma evidente, el gran poder de las palabras: con unas pocas palabras lo enfadé y con otras pocas lo calmé. Las palabras no se las lleva el viento, las palabras dejan huella, tienen poder e influyen positiva o negativamente... Las palabras curan o hieren a una persona. Por eso mismo, los griegos decían que la palabra era divina y los filósofos elogiaban el silencio.
Piensa en esto y cuida tus pensamientos, porque ellos se convierten en palabras; y cuida tus palabras, porque ellas marcan tu destino. Medita sabiamente para saber cuándo y cómo hay que comunicarse y cuándo el silencio es el mejor regalo para ti y para los que amas. Eres sabio si sabes cuándo hablar y cuándo callar.
Piensa muy bien antes de hablar, cálmate cuando estés airado o resentido, y habla sólo cuando estés en paz. Recuerda que las palabras tienen poder y que el viento nunca se las lleva: “Una cometa se puede recoger después de echarla a volar, pero las palabras jamás se podrán recoger una vez que hayan salido de nuestra boca”.
jueves, 10 de febrero de 2011
Los patos hacen bulla, las águilas vuelan
jueves, 22 de julio de 2010
El desafio de ser padres hoy
Empiezo por reafirmar que efectivamente lo es. Mientras que en el pasado eso de criar hijos parecía ser como un proceso muy natural en el que los padres espontáneamente daban órdenes y los hijos sumisamente obedecían, el ambiente social de la familia hoy es muy distinto. (...) Si bien en el pasado los hijos obedecíamos a fe ciega lo que decían los padres, simplemente por temor, por conveniencia, o por cualquier razón, hoy los niños nos exigen una explicación válida antes de acatar cualquiera de nuestras instrucciones. Si no les parece, pues dicen que no. Y se defienden con un "no me grites", o "no me maltrates".
Pero la sociedad también ha cambiado. Anteriormente esta estaba organizada en forma autoritaria, autocrática; una sociedad donde había personas superiores que mandaban y personas inferiores que obedecían. (...) Pero la democratización ha llegado a todas las esferas de la sociedad, al punto que todas las personas aspiran a relacionarse de igual a igual y esto ha afectado la familia. Y uno de los principales fenómenos ha sido la liberación femenina; puesto que como las mujeres hemos querido ser consideradas como personas iguales a los hombres en dignidad y derechos, hemos propiciado un ambiente que invitó a la igualdad entre todos los miembros de la familia. De tal manera que los niños hoy en día exigen y demandan no solo el mismo trato sino además los mismos derechos y privilegios de los papás.
A este cambio en la jerarquía de la familia, hay que añadirle la globalización del mundo. Crecimos en ciudades pequeñas en donde todos nos conocíamos, con un contacto personal permanente. Hoy los niñitos están creciendo en un mundo cibernético, en el que los contactos son a través de máquinas y aparatos. Un mundo enorme, en donde los vecinos no se conocen, los abuelos viven en ciudades distintas y la parentela vive muy retirada.
La familia se ha cerrado a papá, mamá e hijos, y no siempre están papá y mamá juntos. Son frecuentes los casos de familias compuestas por uno solo de los padres, la madre y sus hijos; o constituidas en virtud de segundas uniones, donde hay padrastro o madrastra y toda suerte de combinaciones. Familias nuevamente distintas en donde hay una frecuente rotación.
Y algo más, los papás vivimos acosados por la falta de tiempo, contra el reloj, con mil cosas entre la cabeza, con mil frentes que atender y por eso mismo, la calidad de nuestras relaciones con los hijos ha desmejorado considerablemente. Todo esto hace que los niños se hayan convertido en niños cada vez más demandantes, que constantemente quieran que les prestemos atención, en donde el tiempo que pasemos con ellos nunca les va a parecer suficiente.
Para rematar, los niños tienen muchos más estímulos con los beneficios de los avances educativos, lo cual es una ventaja para ellos, pero una complicación para nosotros. Son unos niños mucho más locuaces, despiertos, capaces de unos razonamientos que uno se queda absolutamente aterrado, sin saber qué decirles. Exigen explicaciones válidas, cuestionan nuestras aseveraciones. Para ellos no somos los grandes e infalibles sabios que nosotros veíamos en nuestros padres.
Por todo esto, es absolutamente indispensable prepararnos como padres; una función cada vez más compleja, que no podemos seguir dejando al azar. Si queremos ver un mundo mejor, tenemos que criar mejores personas y eso exige prepararnos con mayor cuidado para esta labor.
La calidad del tiempo con los hijos es el punto fundamental. (...) Es también urgente una mayor participación del padre; éste ha dejado de ser el proveedor único del hogar y con muchísima frecuencia la mamá colabora hasta con el 50%, lo que conlleva una menor disponibilidad de tiempo con los hijos. Esto demanda una mayor presencia del padre en los quehaceres del hogar y el cuidado de los hijos.
Los nuevos estudios confirman que es imperativa la mayor presencia del padre. La figura de identificación masculina es indispensable para el sano desarrollo de los hijos, tanto de los niños como de las niñas... Para ellos, el papá es aquella figura en la que se están mirando como en un espejo para ver qué significa ser hombre, esposo, qué significa la virilidad. Para ellas, son importantes las interacciones de papá y mamá, así como vivir lo que es relacionarse corno mujercitas con un hombre. (...)
La fortaleza de la figura masculina también es básica para ese sentimiento de estabilidad de los hijos. Los niños necesitan sentir que hay un papá que puede protegerlos ante el peligro, orientarlos ante la incertidumbre y respaldarlos cuando se sienten débiles. (...) No podemos olvidar que la empresa más importante para el hombre es su familia, el cargo mas importante es ser padre, la función mas importante es cuidar y querer a sus hijos.¿Cómo podemos saber qué tan buenos padres estamos siendo?
Puede uno empezar por hacerse peguntas como: ¿Sabemos nosotros cuál es el mejor amigo de nuestro hijo? ¿Cuál es su personaje favorito? ¿Qué es lo que mas le gusta de él mismo? ¿Qué es lo que más le gusta de su mamá? ¿Cuál ha sido el momento más feliz de su vida? ¿Cuál ha sido la experiencia, quizás, más dolorosa o difícil que le ha tocado vivir? Si tenemos las respuestas para estas cosas, sabemos qué tan cerca hemos estado de ellos y de alguna manera, qué tan buenos padres hemos sido hasta el momento.
Se dice que para ser buenos padres es fundamental tener una relación de pareja armoniosa, ¿qué tan cierto es esto?
Le respondo así. Un discípulo se dirigió un día a su maestro y le preguntó: maestro, ¿qué es lo mejor que yo puedo hacer por mis hijos? El le respondió: ama a su madre. Esto significa que la relación ele pareja es fundamental para los niños. Muchos padres descuidan la relación de pareja porque se dedican ante todo a ser papás. (...) Pero si del bien de los hijos se trata, hay que tener en cuenta que su sano desarrollo emocional exige calidad y profundidad en la relación de sus padres. Saber que los papas se aman y que tienen un matrimonio sólido les da a los hijos una profunda sensación de estabilidad y seguridad. Es difícil vivir en un hogar donde se confunde el afecto con el resentimiento, con la indiferencia, con el conflicto, generando una angustia enorme. Además, el niño copia de sus padres el modelo de relación conyugal que establecerá. Esto significa que nuestra relación de pareja es el “manual de la vida conyugal” de los hijos, que regirá sus relaciones de pareja a la hora de establecer su hogar.
Igualmente, cuando los padres son distantes o indiferentes entre sí, los hijos desarrollan sus conceptos acerca de lo que es la vida marital a través de las distorsionadas figuras que les ofrecen los medios de comunicación, las novelas, las revistas y las películas, en las que la vida de pareja se presenta ante todo como una unión de conveniencia temporal y sin compromisos, medida por el goce de la actividad sexual. Desarrollar un matrimonio sólido y perdurable es una tarea que exige mucho esfuerzo, dedicación e interés de ambas partes.
La forma como los padres ejercen la autoridad en la familia determina el estilo de relación que establecen con sus hijos. Están los padres autoritarios. Su desventaja es que con sus actitudes comunican un cierto rechazo, que los hijos interpretan como falta de amor, les crean dudas sobre su valor personal y sus capacidades. (...) Se vuelven inflexibles, dogmáticos, y mientras exigen respeto por parte de sus hijos, les faltan al respeto todo el tiempo. Su trato es severo, distante y muchas veces abusivo.
No olvidemos que los padres debemos ser amor, guía y herramientas. El amor es el impulso vital en el transcurso de su vida; la guía es algo así como la brújula; y las herramientas son todas esas cualidades, destrezas y habilidades que les permiten andar ese camino y superar los obstáculos que pueden encontrar en su trayectoria. (...)
Están los padres sobreprotectores, actitud que es mucho más frecuente entre las mamás, quienes comunican afecto e interés, lo cual lleva a los hijos a sentirse amados y les brinda alguna guía para su camino. Falla en el desarrollo de las herramientas que necesitan para poder hacer su trayectoria (...)
Por último, tenemos el estilo permisivo que, yo creo, por su comodidad, suelen aplicarlo padres demasiado laxos con sus hijos, que permiten todo, justifican todo, dan gusto en todo... mejor dicho, no ponen límites y siempre se están disculpando. (...) Este tipo de papás, si bien puede que les comuniquen por lo menos un poquito de amor a los hijos, definitivamente no son guía y menos aún les dan herramientas. (...)
Los hijos de este tipo de padres suelen caracterizarse por ser personas que no conocen límites, que no aprecian el esfuerzo ni lo saben hacer y que en el fondo del alma no se sienten profundamente amados. Por lo tanto, se sienten abandonados, son niños que con mucha frecuencia se dan cuenta que sus padres no los aman, porque no les importa lo que ellos hagan o dejen de hacer.
Es importante recordar que amar a los hijos no es darles gusto en todo, sino hacer lo que es más conveniente para su formación, así no sea lo más agradable para ellos o para nosotros.Si no es aconsejable ser sobreprotector, permisivo o autoritario, ¿cómo debemos ser los padres del tercer milenio?
Desde finales del siglo pasado se ha venido hablando del estilo eficaz para ser padres corno el estilo más apropiado. La palabra eficaz es muy fácil confundirla con la palabra eficiente, que es quizás lo que más vemos hoy en día en los padres, quienes hacen muchas cosas por su prole, pero en el esfuerzo de hacer tanto no hacen lo que es apropiado. Ser padres eficaces no es hacer mucho, sino hacer lo que es justo y conveniente para los hijos. (...)
Los padres eficaces se caracterizan, entre otras cosas, porque saben expresarles su amor a los hijos y los tratan con cariño, amabilidad y respeto, al mismo tiempo que aceptan su individualidad y sus capacidades, pero sin dejar de ponerles límites. Permiten que los niños tomen decisiones dentro de ciertos opciones permisibles y les enseñan a ser responsables por las consecuencias de sus actos. Fijan normas claras de comportamiento y velan estrictamente por su cumplimiento, a la vez que dan ejemplo de ellas al estarlas cumpliendo. Por último, quizás una de las cosas más importantes, es que cumplen lo que prometen, sin perdonar la sanción establecida cuando los niños infringen una norma, o sin dejar de dar aquel reconocimiento que ofrecieron cuando se lo merecen.
A la vez, este tipo de padres reconocen los esfuerzos y el progreso de los niños y están más centrados en estos que en los logros y en los honores que los pequeños puedan lograr. En otras palabras, estos padres saben que la presencia, el amor y el ejemplo que les den a sus hijos son fundamentales para formarlos como personas sanas y responsables, y por eso están dispuestos a darle al matrimonio, a su familia y a su labor de papás una absoluta prioridad.
Típicamente los hijos de este tipo de padres son niños que se sienten seguros, satisfechos y a gusto consigo mismos; es decir, que gozan de una muy buena autoestima porque saben que son importantes para sus padres y por lo tanto, no necesitan estar siendo el centro de atención y constantemente aprobados por quienes los rodean. Son menores que les agrada estar en familia, que aceptan que se les corrija o aconseje sin sentirse menospreciados, que no le temen al fracaso, que no ven sus fallas como una deficiencia personal y que saben tomar decisiones y responder por las consecuencias de las mismas. Suelen ser personas útiles, colaboradoras, positivas, responsables, es decir, ese tipo de personas con quienes todo el mundo quiere estar.
¿Cuál es la cualidad más importante para ser un buen padre?
No hay duda de que para ser buenos padres se necesitan muchísimas cualidades: paciencia, ecuanimidad, comprensión, disciplina, flexibilidad, tolerancia y otras tantas. Pero sin duda alguna, la más importante para formar hijos dotados de todas las virtudes y capacidades que les permitan llegar a ser unos buenos seres humanos, es ser padres valientes. Es decir, tener la fortaleza necesaria para hacer lo que más les conviene a los hijos por duro que pueda parecernos. (...) Por ejemplo, se necesita mucho valor para no recibir al pequeñín que llega a la cama diciendo quiero dormir contigo. Se necesita mucho valor para no llevarle al niñito la tarea que se le olvidó, así esto implique que pierda la materia. También se necesita mucho valor para no darles nada más de lo que estrictamente se merecen, así nos rueguen y nos enloquezcan. Para no ayudarle a hacer el proyecto escolar que no preparó a tiempo, así esto implique que pueda ser reprobado en el año escolar. Para no permitirle que vaya a ese paseo, a esa fiesta o a esa discoteca donde no habrá supervisión suficiente para ellos. Y por último, se necesita ser valientes para no pagar la fianza y sacarlo en un momento dado de la cárcel o de cualquier problema en que se haya metido, porque es así como aprenderá que sus errores tienen amargas consecuencias.
Lo que más necesitan los hijos no son padres complacientes que estemos dedicados a darles gusto en todo, sino padres valientes capaces de cuestionarnos, de tener la fortaleza para comprometernos tan seria y profundamente en la formación de nuestros hijos, que haremos todo lo que es preciso para formarlos como personas correctas, por difícil o doloroso que pueda resultarnos. (...)
Hay muchas mujeres que quisieran, quizás, quedarse en sus casas y que a lo mejor hasta podrían, pero sucumben ante la presión de una sociedad que valora el desempeño profesional y la capacidad de producir como algo importante para ratificar la valía personal.
El ser una madre que se queda con gusto al cuidado de los hijos en el hogar, les ofrece a los niños enormes ventajas. Se ha visto, por ejemplo, que los niños cuyas mamás se hacen personalmente cargo de criarlos rinden mejor en los estudios, tienen mejores relaciones interpersonales y en general, son más seguros de sí mismos, siempre y cuando las relaciones entre madres e hijos sean sanas y enriquecedoras. Pero este no es el caso de aquellas mamás que se quedan al cuidado de sus hijos muy a pesar de ellas, sintiéndose sacrificadas y víctimas porque tienen que pasar todo el día y todas las semanas pendientes de "estos niñitos que me van a enloquecer". Este tipo de madres, la verdad, le aportan poco al bienestar de sus hijos.
A la vez, las madres que trabajan también les ofrecen ciertas ventajas irrefutables a los niños. Una mujer profesional, laboralmente realizada, puede aportar mucho más a su hogar, no sólo en lo económico, sino también en lo emocional. Se ha visto que las mamás que trabajan tienen, a menudo, más confianza en sí mismas y por ello tienen actitudes más positivas y enriquecedoras para transmitir a los hijos. (...) Sin embargo, el estar en esta posición de ser madres profesionales o que laboramos fuera de la casa, nos obliga a establecer unas prioridades con mucho cuidado y concentrarnos en aquellas cosas que consideramos indispensables.
Pero por esto debo insistir en la importancia de la participación activa del padre en el hogar, como hemos dicho anteriormente. Cuando uno es una mamá que trabaja fuera del hogar, necesita ese papá presente haciendo las cosas a su manera y colaborando. Es decir, trabajando conjuntamente en las tareas de la casa.
Una de las mayores dificultades cuando trabajamos, sin duda alguna, son los sentimientos de culpa. Las mamás que laboramos fuera del hogar tenemos una carga de culpabilidad enorme, sintiendo que si trabajamos estamos fallándoles a los hijos. Y no necesariamente es así, a veces nuestra participación económica, como lo he dicho, es indispensable y eso mismo hace que tengamos que hacerlo, bien queramos o no. (...)
Para poder lidiar con toda la culpabilidad que nos genera el hecho de ser madres trabajadoras, es importante redefinir lo que es esa culpabilidad. Culpables son solo aquellas personas que deliberada e intencionalmente hacen algo para perjudicar a otra persona y ese no es el caso de una madre que trabaja. Entonces, evaluemos si lo que estamos haciendo finalmente no es para beneficio de nuestros hijos y de nuestra familia. Y apreciemos que todos estos esfuerzos redundarán en beneficio también de nuestros hijos, si nosotros sabemos darnos el reconocimiento que implica este doble esfuerzo de ser madres y de ser profesionales a la vez. Por eso mismo, debemos dedicarle, tanto al trabajo como a la labor de ser madres, toda nuestra energía, toda nuestra alma, para que nuestros hijos crezcan convencidos de que, a pesar de que su mamá trabajó, tuvieron un hogar maravilloso con ella.
Recordemos que no hay mejor contribución ni éxito más gratificante que aportar a la sociedad unos hijos llenos de entusiasmo y amor por la vida y por sus semejantes, lo cual es resultado, ante todo, de sentir que cuentan con la garantía del amor de sus padres.
Fuente: GRUPO EDITORIAL NORMA
lunes, 22 de marzo de 2010
Desarrollar estrategias de pensamiento
Hay muchas formas sencillas de ayudar a tus hijos a desarrollar habilidades para que sean capaces de resolver los problemas por si mismos, para que se esfuercen, para que tengan interés por las cosas y en definitiva para enseñarles a vivir.
Los idiomas, las matemáticas y demás contenidos escolares son muy importantes, pero estas estrategias son, a la vez que complementarias de los estudios, imprescindibles para la vida.
Las habilidades que deberías potenciar en tus hijo son: confianza en si mismo, motivación, esfuerzo, responsabilidad, constancia, empatía, trabajo en equipo, y solución de problemas:
1.-La confianza en si mismo significa que cree y se ve capaz de hacer las cosas. Esta habilidad está relacionada con el autoconocimiento , el hacer las cosas lo mejor que se sabe y la autoestima, saber lo que uno puede llegar a realizar o lo que puede llegar a ser.
Para potenciar la confianza en uno mismo, intenta observar a tu hijo y reconocer sus capacidades, elogia y refuerza su seguridad y anímalo a hacer cosas por si mismo. Haz que tome decisiones, que elija qué ponerse, qué fruta comer, que ayude en las tareas de casa (aunque tarde más en hacerlo que si lo hicieras tu.
2.- La motivación es sentirse dispuesto a hacer algo, querer hacerlo.
Entusiasmarse, querer hacer las cosas, planificar, querer aprender,... es el motor del aprendizaje y cuanto más potente sea, mejor.
Los niños nacen motivados para explorar y aprender y debemos esforzarnos para que sigan así y no se vuelvan niños aburridos que no saben qué hacer ni a qué jugar.
3.- Haz planes con ellos, que participen de su preparación, ir al cine, a un museo, preparar una excursión o un viaje. Participa de sus juegos y sus tareas escolares, intenta que sienta que valoras lo que hace y que te sientes orgullosa de él.
Enséñales a competir sanamente, en los deportes hay un gandor y un perdedor, en clase a veces las cosas van bien y a veces no. Lo importante es no desanimarse y seguir trabajando por lo que uno quiere...
4.- El esfuerzo es ser consciente del trabajo que conlleva hacer algo. Tener autodisciplina nos aleja de la pereza, de conformarnos con el mínimo, nos ayuda a disfrutar del tiempo libre ya que tenemos la satisfacción del trabajo cumplido.
También podemos disfrutar mientras hacemos las cosas si lo hacemos con gusto.
Con niños pequeños establece sistemas de puntos para que se esfuercen en conseguir objetivos y conseguir una recompensa.
Áyudale con hábitos y rutinas, hacer los deberes antes de jugar. Que se los tomen en serio y no los hagan de cualquier manera.
5.- Reconoced el trabajo bien hecho de otras personas, las que os atienden bien y amablemente (en vez de criticar los fallos de los demás).
Hablad de lo que habeis hecho durante el día, que te explique cosas del colegio y tú explícale cosas de tu trabajo, cómo has solucionado problemas, cómo te has sentido, etc.
Procura que no tenga miedo al fracaso, comentad los resultados de deportistas que tras una competición en la que han luchado y se han esforzado hasta el final puede que no ganen. Hazle ver que seguro que seguirán intentándolo y tendrán triunfos en el futuro.
6.-La responsabilidad es saber hacer lo que se debe, cumplir con las obligaciones, decidir cuál es la mejor opción en un momento concreto.
Tu hijo sólo será responsable si tú le permites asumir responsabilidades. Si no tiene que preocuparse nunca por nada y le solucionas siempre los problemas nunca tomará conciencia de sus responsabilidades y lo más probable es que se convierta en un adolescente egoista.
Hay que conseguir que llegue a hacer las cosas por iniciativa propia, que entienda que sus actos tienen consecuencias y a preever estas consecuencias antes de actuar.
Habla con él antes de comprarle algo sobre cómo lo va a cuidar, haz que se responsabilice de sus cosas cuando llega a casa y que no las deje de cualquier manera, repartid las tareas domésticas, seguro que hay muchas que puede hacer sea cual sea su edad y que además disfrutará haciéndolas. Por supuesto no se le pueden dar obligaciones que no pueda asumir.
7.- La constancia es la fuerza para continuar lo que se ha empezado. Es intentar conseguir el objetivo trazado sin desanimarse, no tirar la toalla y ser perseverante.
Es importante que los niños entiendan que no basta con empezar algo para conseguirlo, que las cosas no son instantaneas. Un deportista no gana una medalla olímpica sin todo un esfuerzo previo, un violinista no empieza tocando una sinfonía.
Hay que animarles para que mejoren en las cosas que le salen peor (caligrafía, cálculo, lectura, dibujo...) y también apoyarlos y motivarlos para que no abandonen las que les salen bien y cada día sean mejores. Si empiezan una actividad extraescolar deben acabarla.
Es bueno marcarse objetivos, planificar cómo alcanzarlos e ir pasito a pasito a por él.
8.-Empatía: Tener en cuenta a los demás no sólo le convierte en una persona más generosa y a conectar mejor con los amigos.
Compartir ideas y sentimientos, ponerse en el lugar del otro le puede ayudar a tomar mejor sus propias decisiones, a trabajar en grupo y a saber encauzar los problemas interpersonales.
Conocer sus propios sentimientos es la mejor forma de que luego entienda a los demás.
Intenta que entienda cómo te sientes cuando te has disgustado por algo, o cuando te alegras.
Cuando teneis que hacer un regalo a alguien que piense cómo es esa persona, qué aficiones tiene, qué cosas le gustan.
El trabajo en equipo es saber participar de una acción conjunta. Compartir sacrificios y entusiasmo. Muchas veces no es fácil ponerse de acuerdo y hay que enseñar a dirigir, ceder, etc. según la ocasión lo require haced cosas juntos, manualidades, doblar ropa, organizad una fiesta o un día especial, preparada un pastel.
9.- Los deportes de equipo y otras actividades también son muy beneficiosas.
La solución de problemas es poner en práctica las estrategias que uno tiene para actuar. Para ello es imprescindible hacer un buen diagnóstico de la situación y ver cuál es la causa del problema, pensar en todas las alternativas posibles y preveer las consecuencias de cada una de ellas para elejir la mejor y más justa teniendo también en cuenta a los demás.

